sábado, 16 de agosto de 2008

El uso de la Red en la enseñanza de las competencias de comprensión lectora

Ma. De Jesús M. Rodríguez Salazar
Agosto 2008

La modernidad en su momento y ahora la posmodernidad que nos invade a pasos agigantados, nos han obligado a incorporarnos a las denominadas megatendencias de la educación sin preguntarnos si estamos de acuerdo con ellas, aunque sea como una fórmula de cortesía. Entre éstas, una de las más importantes, es la que radica en el uso extensivo que se hace de los medios de comunicación electrónica, gracias a lo cual tiempo y distancia son ahora conceptos inefables. Nuestros jóvenes, en su mayoría son adictos a la tecnología, son pocos los que no hacen uso de uno o más implementos tecnológicos: teléfono celular, MP3, televisión, fax, computadora, internet… etc. Implementos que cada día evolucionan y dejan atrás a todos los conceptos previos. A la par de esta acelerada producción tecnológica se encuentra la caducidad de los conocimientos. Lo que hoy se sabe en una semana o menos se encuentra rebasado por conocimientos frescos, en muchas de las áreas del saber humano, de este modo nos encontramos con nuevos procedimientos, nuevos saberes, perspectivas distintas de lo que ya sabíamos, implicaciones éticas y modificaciones estructurales a todo aquello que en otro momento consideramos como estable.
El panorama que esto nos presenta puede ser interpretado de muchas y diversas maneras, pero para efectos de la educación nos coloca frente a un reto: La volatilidad del saber. Antes, cuando nosotros estudiamos – 30 ó 40 años cuando mucho – era importante conocer datos, referencias, fechas, tablas; los saberes estaban más o menos estandarizados, fijos; ahora lo que menos encontramos es justamente esta estabilidad que nos brindaba el saber que lo que sabíamos era “cierto”. Nuestra realidad nos enfrenta con que ya no podemos enseñar “saberes” específicos, porque nunca podríamos estar a la par de su incremento. Ahora de lo que se trata la educación es de enseñar e buscar los saberes y a saber utilizarlos, lo que se conoce como Competencias para el Manejo de la Información (CMI).
Por supuesto que en este contexto, la red, como se le conoce mundialmente (world wide web) se ha transformado en un elemento conector, difusor y transmisor de toda la sabiduría del hombre. En la internet podemos tener acceso a fuentes de información que hasta hace muy poco tiempo nos estaban vedadas: Grandes bibliotecas, investigaciones recientes, artículos de interés y de análisis sobre cualquier tópico que nos propongamos, universidades, laboratorios, ONG’s, conocimientos desde su obtención hasta su crítica; sin obviar las grandes obras de la humanidad: Museos, galerías, libros clásicos y sus respectivos análisis, la arquitectura de grandes ciudades, construcciones impresionantes, la historia del mundo, las grandes obras clásicas de la literatura… El mundo se ha puesto a nuestro alcance, de manera inmediata y casi gratuita.
Pero, al lado de esta inmensa posibilidad tecnológica nos encontramos también con que la mayoría de los países, el nuestro por ejemplo, no sólo no producen esta tecnología, sino que no la saben emplear adecuadamente. Evaluaciones internacionales recientes, nos han colocado en el nada honroso penúltimo lugar en relación con la capacidad matemática y la comprensión lectora: Somos – literalmente – un país de analfabetos. Y no sólo me refiero al denominado analfabetismo funcional, que tiene que ver con el empleo de la tecnología. Literalmente NO SABEMOS LEER Y ESCRIBIR, nuestros jóvenes, nosotros mismos, estamos reprobados a nivel internacional. Un país que no adquiere la capacidad de aprender por sí mismo y de procurarse un avance en el nivel de vida de sus habitantes está condenado al fracaso más estrepitoso. Para decidir es necesario saber. Aquel que no sabe está predestinado a que otro lo use. La educación entonces es la única fuente de progreso.
La responsabilidad implícita para los maestros es mucha, no porque nosotros seamos los directamente responsables de estas carencias, sino porque frente al avasallamiento de la tecnología no hemos sabido responder con prontitud, hemos sido arrasados por ella. Los jóvenes se han introducido tanto en el uso de aparatos que todo lo saben, que todo lo resuelven y que todo lo pueden, que se han preocupado poco por intentar algo por sí mismos. La lectura, la capacidad de comprensión de los textos se ha visto en este terreno sumamente limitada porque, al realizar investigaciones, los chicos sólo tienen que recurrir a la fuente electrónica la que automáticamente les selecciona la respuesta al tema. Respuesta que presentan como propia de una manera acrítica – y deshonesta por cierto – sin siquiera haber leído de qué se trata.
Resulta evidente, a todas luces, que la didáctica empleada para la enseñanza de la lengua tiene que transformarse radicalmente. No debemos permitir que se pierda el uso adecuado del lenguaje, que pasen al ovido las grandes obras de la humanidad, los clásicos de la literatura, que deje de usarse la magia de la palabra para representar las emociones, acciones y gestas de la humanidad. Esta es una lucha frontal que se debe librar frente a la tecnología, pero no en contra de ella, sino – como dijera el refrán: si no puedes con el enemigo únete a él – la solución vendrá haciéndonos sus aliados.
Uno de los grandes descubrimientos que hemos realizado en lo personal a partir de este curso virtual es por supuesto los beneficios del uso de la red para propósitos educativos – una noción que en términos informáticos se conoce como Web 2.0 – La adecuada utilización de los recursos tecnológicos nos permitirá, hablando el lenguaje de los jóvenes, volver a introducirlos en aquellos saberes que la lengua precisa para su uso correcto. Herramientas como las Webquest. La creación de blogs. – como el que en este momento estamos utilizando, las plataformas moodle, los recursos audiovisuales “subidos” a la red, entre muchas otras alternativas, se nos presentan como didáctica “mágica”, recursos que nos permitirán retomar desde otra perspectiva la enseñanza de la literatura. Ahí tenemos por ejemplo las webquest desarrolladas para el análisis y la creación de cuentos, los Rallies de la palabra que se siguien por la red, entre muchos otros recursos que están a la mano, esperando sólo que nos capacitemos en su diseño y su aplicación en el aula.
Pongámonos en el terreno de los jóvenes y canalicemos el tiempo que dedican a la red, en actividades productivas, que les reditúen conocimiento, inversión de tiempo y diversión todo junto. ¡El saber no tiene por qué ser aburrido!